Una razón infinita

poderoso alma

Fantasmas, que mientras dormía, se infiltraron en mi universo. Desde dentro y con el tiempo, fueron creciendo. Para conocerme, me espían cuando sueño despierto, y el resto del tiempo aguardan a mis horas bajas para intentar arrebatarme el alma a tirones… pero sólo necesito una razón para enfrentarlos y poder, de largo, más que todos ellos.

Sombras

sombras

Capaz de todo, encontró caminos para adelantar al tiempo, pero las sombras conspiraban contra él, boicoteaban sus movimientos, para volverle lento.

Envidia

sin ojos

Le arrancó los ojos; pensó que si vestía su mirada, luciría igual. Pero al ponérselos, vio que no veía bien, que no le quedaban como a ella. Entendió que la mirada, sin el brillo único de quien nace con ellos, son dos planetas inertes. Cuando quiso colocarse los suyos de nuevo, sólo quedaba la oscuridad infinita.

El señor del tiempo

senior tiempo

Un bombín protege su calva del sol que calcina las ideas, una cachava de madera noble le sostiene en su lento caminar, y sus gafas, más tráslucidas que transparentes, aún le permiten adivinar los rostros en los que se fija.
Porta su cartera, llena de monedas extrañas: rojas (al cambio; horas, minutos y segundos), plateadas (semanas, meses y trimestres) y doradas (años, lustros y décadas). También está bien dotada de billetes amarillos y morados, que valen siglos y milenios.
Y mientras disfruta del paseo, reparte de su cartera a quien le apetece, siguiendo su criterio.

El maniquí sensible

Un día, un anciano, solo, cansado y satisfecho de lo vivido, se quedó observando un escaparate, con su mirada enfocada en el rostro de un maniquí. El anciano, le preguntó si quería vivir, segundos después, se hizo el silencio… su corazón dejó de latir.

Al atardecer, lo ojos del maniquí percibieron el colorido del cielo ardiendo con los últimos rayos del sol, y con esa emoción, se encendió la chispa. Emprendió la fuga al mundo exterior.

Pronto comprendió que a veces la vida duele… y tanto le dolió que creyó no estar preparado, que estaba mejor imitando la vida humana en una vitrina… tanto fue el dolor, que buscó un lugar alto para deshacerse del regalo del anciano, y simplemente volver a vestir en vano.

Aparentemente un mono

un dios

Había una vez un mono escurridizo, que rara vez se dejaba ver.
Entre quienes pudieron verlo, había todo tipo de intenciones; algunos quisieron enjaularlo para hacer comercio, otros, le quisieron como mero juguete, también hubo quien quiso dañarlo por extraña e incomprensible diversión, y los menos, pretendieron un acercamiento puro, conocerlo.
Y la gente, con la ignorancia de la que dotan los prejuicios, en casi todos los casos, lo consideró inferior.
Nada más lejos, no era un mono, sino un dios, que en esa época, se camuflaba en la forma material oportuna, para continuar escudriñando las imperfecciones de su creación, y la próxima vez hacerlo mejor.

Extintor de nieblas

extintor nieblas

Estaban desesperados por la invasión de la niebla, parecía permanente e inmutable… apenas les permitía verse entre ellos, incluso en las distancias cortas.
Entonces apareció él, con su gabardina sucia y su mochila rota.
Los lugareños, intrigados, distinguían las manchas de la gabardina desde la distancia, prácticamente era lo único que veían. ¿Quién sería?
Y mientras curiosos se iban acercando al hombre, él, en su pausa, intuía el corrillo.
Abrió la mochila, y como si de un potente aspirador se tratase, recogió dentro la niebla.
Cuando por fin pudieron ver el Sol y fueron a agradecerle, ya no había nadie.

Presente

reloj interno

Me preguntas ‘qué hora es’, y me toco el pecho, yo que vengo de lejos, te digo; es la hora del ahora. Tú me pides que sea concreto, y yo te insisto en que soy exacto, que los latidos no mienten. Te enseño mi reloj interno, y demuestro que luce, y entiendes que eternamente marca el momento en punto.

La gallina de los huevos de oro

huevos de oro

No sabía de que la servía poner brillantes huevos que ignoraban vida; ni tener alas que no la permitían la huída de quienes la codiciaban y la pretendían. Alas de pega, para deprimirla, y ella soñando que sólo eran alas torpes, que con perseverancia se volverían fuertes, y llegaría el día de levantar el vuelo hacia donde no le recordasen continuamente sobre sus “valiosos” huevos de oro inertes.


Escalera engañosa

torre engañosa

La finura de su estructura, y el bamboleo que en ella provoca el viento, llevan a creer equivocadamente que es endeble.
Nada más lejos, esa escalera lleva allí siglos, siendo única testigo de las hazañas de los valientes que traparon sus peldaños, de los cuales no se conoce regreso.
Hay quien dice que cada peldaño subido es un punto de vista que completa al anterior, que quien comienza a subirla, queda atrapado en el hambre de curiosidad de ver más de lo que en el momento se es capaz.
Otros dicen, que el peldaño número 29.789 es el lugar óptimo para ver la puesta del sol, mirándolo a los ojos, sin perder la visión. Y que desde ese mismo peldaño, en una ocasión, alguien que osó trepar caída la noche, pudo apreciar las pecas de la luna llena. Se llegó a escuchar que esa misma persona ascendió hasta el punto donde desaparece el vértigo, dejando las estrellas a sus pies.