Aparentemente un mono

Había una vez un mono escurridizo, que rara vez se dejaba ver.
Entre quienes pudieron verlo, había todo tipo de intenciones; algunos quisieron enjaularlo para hacer comercio, otros, le quisieron como mero juguete, también hubo quien quiso dañarlo por extraña e incomprensible diversión, y los menos, pretendieron un acercamiento puro, conocerlo.
Y la gente, con la ignorancia de la que dotan los prejuicios, en casi todos los casos, lo consideró inferior.
Nada más lejos, no era un mono, sino un dios, que en esa época, se camuflaba en la forma material oportuna, para continuar escudriñando las imperfecciones de su creación, y la próxima vez hacerlo mejor.

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