El pundonor del perro callejero

perrocallejero

En su hambre era gobernante, y aún con su cuerpo desnutrido, su alma, que rebosaba energía, le dotaba de las fuerzas necesarías para poder cambiar la historia.

No enfades al viento

huracan

No te interesa vocearle a la fuerza que porta y soporta el ruido del universo, no.
No te interesa esconderle secretos a quien transcribe los susurros en tu oído, no…
ni provocar la ira del pentagrama de las sinfonías que se escriben con truenos.

La sequía de su rostro

Drenaba las lágrimas que nacían en sus ojos inundados, preparados con diques, para no crear torrentes descontrolados por el relieve de sus mejillas. Y hasta que las lágrimas desaparecían, no podía ver… su mirada encharcada, se convertía en una ceguera temporal.

Cuando rima, pero no es poesía

grito universal

La poesía no está en las rimas, no; debe protegerse del charlatán. El arte no es sólo técnica, pregúntenle a las máquinas, o al que sabe pero no siente y entonces clona.
La poesía está en la necesidad del corazón… en la intención de gritar los sentimientos al firmamento, y que el eco refleje en el muro más allá del final del universo, para que la verdad de uno llegue a cada rincón de la existencia.

Quizás el azar es perfecto

dados azar

La lealtad hacia todo lo que amas, que germinó por voluntad propia (y no por las semillas transgénicas, que son plaga, modificadas para producir las características deseadas, estirpando su esencia original); en estos tiempos, los que se fueron, y los que vendrán… con toda certeza, son el mayor acto de revolución.

Mirada deprimida

mirada deprimida

No era que no funcionasen sus ojos; su vista, a pesar de su edad, estaba intacta. Menuda maldición para él… vió tanto y tan malo, que a menudo, sus ojos le suplicaban una tregua. Cuando esto ocurría, los cerraba minutos, dependiendo de la carga, incluso horas. Pero a veces le vencía la curiosidad, ¿lo habría visto todo?… como siempre, salía escaldado. Entonces comenzó a taparlos, pero quedaban rendijas por donde sospechaba… y sus ojos ya no pedían socorro, le chillaban del dolor. No aguantaba más, así que fue a por una cuchara, y mucha, mucha gasa.

Borrado infedinido

sombrero mágico

Tan falso era, que cada día se difuminaba un poco. Día tras día, terminó volviéndose invisible y desesperado acudió a un mago. Sin éste poder ayudarle demasiado, le proporcionó un gorro encantado, para que al vestirlo, intuyeran su presencia. Pero era demasiado tarde, la gente sólo percibía un sombrero flotando.

La neutralidad, te hace cómplice

adelantalfuego

Tú, de favor fácil y bondad por protocolo, acostumbras a maquillar la conciencia lanzando limosnas de tus sobras, por donde pisan tus mocasines impolutos, sin ni siquiera mirar a los ojos, ni de entender las miradas.
En la necesidad extrema; espectador de piernas cruzadas, miras cómo éste adelanta al fuego, o cómo aquel enfrenta las corrientes de los ríos locos… cómo dan de sí por otros, más que cosas, la vida en actos.

Alergia al tacto

alergia

Sarpullidos en su cara pelada, helada. Y apareció él, hecho para abrazarla, sin consecuencias en la piel, sin robarla el aire; y así descubrió el tacto que estremece, y los latidos que producen eco dentro.

Entender o no entender, no importa esa cuestión

mundos de yupi

Razón, que aplicas al ego; del Yo, al mí, y para lo mío.
Un laberinto que termina donde empieza; un bucle de individualismo.
Qué enfermedad social tan grave, cada uno atrapado consigo.

Y qué más da la capacidad para comprender o creer que se comprende…
si la vida se adapta a sus invitados con laberintos de nivel personalizado,
Qué más da… si aunque rices el rizo, el resultado será el mismo,
y vivir creyendo saber algo, es vivir engañado.

Vidas pomposas o sencillas, vidas “exitosas”, vidas trágicas…
qué más da si la vida rima en asonante o consonante… si es un soneto,
si son versos libres… qué más da si es prosa, o si no es nada.
Si le quitas el adorno, al final del camino, el asunto… es el mismo.

Qué más da… si tu bolígrafo, extensión de tí, fiel escudero y conector de mundos,
se estropea en la batalla… y aunque tenga arreglo, lo abandonas sin miramientos
para reemplazarlo por un mercenario que escupe tinta, y que finge comprenderte…
claro que no, no porta tu sangre en su mina.
¿Quién creará ahora con ríos de tinta, las palabras que al nacer estremecían el papel?

Amadas las cosas y cosificadas las personas, deformados y manipulados los sentimientos e incomprendidas las palabras de peso… no hay que esperar al apocalipsis. El mundo, como cada uno de nosotros, muere cada día un poco.