Supraeconomía

bank

Piensa, que en la vida, no es dueño de sí… ya no por quien le roba porciones de lo que es… ni por regalarse a quien elige; sino, más como una vivienda hipotecada, que mientras tanto, le corresponde a la banca. La ilusión de que se pertenece es un espejismo.
En el contrato en el que formalizó la apertura de la cuenta con la que opera con el tiempo, los mercaderes supremos le otorgaron un poder notarial, un traje para el alma y un reloj con cuenta atrás, para usar el tiempo en una experiencia terrenal.
Y ahora, relee las cláusulas y descubre que, nunca, nadie le informó de la posibilidad de condonar la deuda contraída, destrozando el reloj a martillazos, para detener el tiempo, y desnudando el alma para volver de la vida, atravesando la puerta de salida alternativa.