La extinción de la nobleza

nobleza

Traidores de precio barato… la abundancia, que devalúa.
Daños para otros, que deforman a uno mismo. Y deformados y perdidos… carentes de identidad, solo quedan disfraces oportunos, de usar y tirar.
¿Dónde reside la grandeza de un ser que abandona sus valores más preciados, los que antes cotizaban cerca del infinito?

Trapos que ondean: la holística, para mañana

trapo

Una sociedad inmadura escucha los ecos de los egos, y se pervierte, y entonces genera muros de trapos que ondean, y de bulos de ficción a través de los siglos… Y a las palabras se les cambian la apariencia y el sonido, para torpedear el sincronismo. Los egos crecen, y la empatía desaparece; cada parte se cree que prevalece, pero, por sí solas, no son magia.

Si los dioses fueran, la vida sería un reality

Dioses como meros espectadores del drama supremo, seres hambrientos de morbo, y de un show intenso.
Mientras observan, picotean estrellas con mantequilla para saciar su estómago, y nosotros, enjaulados e ignorantes, vamos dando tumbos.
Tirados en su colchón de nube, en lo alto de casi todo, disfrutan de nosotros, su capricho, mascotas con potencial para hacer su tiempo entretenido.
Pero uno de ellos, se pregunta si les ocurre lo mismo; si no hay una verdad de infinito recorrido, una pregunta recursiva e inherente a todo ser con pensamiento, que resume; que es libre el que ignora o suelta el lastre, y que el que conoce (creyendo ser espectador), tiene dueño y es un bufón para un ser desconocido.

Don Nadie, no era un villano

don nadie

Él no era un virus para la turba; era la cura. Un agitador de conciencias, un abanderado de la revolución interna… la revolución verdadera. Era un caballero de valentía radical; sus ideas trascendían la vida.

Las flores, vivas

La belleza es una verdad que alegra los sentidos.

Marionetas en rebeldía

marionetas que sienten

Una marioneta que siente; piensa, y a una marioneta que piensa, se le tensan los hilos. Y entonces, una marioneta siente por otra… y la otra por la una, algo recíproco. Así que plantan cara al destino, cortando aquellos hilos tensos que usaba quien les movía la vida siguiendo un guión perverso.

Relativamente yo

personalidad

Una cabaña de campo, una casita en la montaña, o un faro en la playa; así podría verme si fuera edificio. ¡Qué sencillo se ve uno mismo!


Un rascacielos y habitáculos bajo llave por doquier. Accesos restringuidos para quién y para qué. Algunas personas acceden a salas, otras a plantas enteras, pero el acceso completo es bajo llave maestra. Una llave maestra escondida en la caja fuente, fuente de vida, protegida por una combinación de sensaciones únicas.

Libre, ergo auténtico

Techo del universo

El arte no se puede forzar, pues el arte obligado no es arte, es producto. Debe ser libre, y originar sensaciones extintas o desconocidas. Puede incluso llegar a romper y recomponer el alma en el mismo momento, mutarlo, y elevarlo a la cima del universo.

Sinestesia

color face

De cada persona, en cada momento, resplandece un color.

Una pareja comparte su tiempo, y una fusión cromática viste sus auras, potenciando y determinando su poder. Y ellos, dispuestos a crear, pintan un lienzo de arte, aparentemente fugaz, pues la energía ni se crea, ni se destruye.

Embarazos del alma

no place

Que no grite, escupa y llore tinta… ¡Quién son ellos para dictar la esencia de mis palabras, que están vivas, e igualmente ríen y bailan!

Escribir con tinta virgen es transfundir la sangre propia al papel en forma de palabras. Alimentar al arte procreado, extensión de uno mismo.

“Escribe agradable, romántico*…”; escribo honesto, contesto. Pues se manifiestan las ideas en pro de las causas perdidas, y cuando un puñado converge, empujan para ser atendidas, y si lo son, algo nace que contradice la norma y alimenta la vida.


  • El romanticismo es un ideal viral, del que cuando uno se contagia, se expande en el cerebro y termina por abarcar toda percepción y todo pensamiento. Hay tragedia en el romanticismo más potente, una lucha de resultado predecible en nombre de la utopía, que se debe afrontar con pundonor, hasta que se agoten las fuerzas.