El porqué del infinito

luz velocidad

Superó la velocidad de la luz para ser capaz de recorrer cada rincón existente, y en su viaje, se detuvo al encontrarla; justo al final del infinito, donde sólo ellos dos habían sido capaces de llegar.

Allí no había nada más, pero finalmente estaba todo; y el uno con el otro, decidieron crear para viajar de la mano.

Turistas del inframundo

turistas inframundo

Érase una vez, un rascacielos con un millón de peldaños, sin ascensor… (para torturarlos), que llevaban a la puerta de aquel lugar ya imposible.

Quien conseguía llegar a la azotea después de tiempo eterno, podía observar como picaporte, una luna llena del tamaño de una mano, que sólamente orbitaba cuando las manos indicadas la giraban para obtener el paso. Quienes miraban desde el edificio, tenían que conformarse con jugar a imaginar lo que pudo ser y no fue, allí detrás.

Y cuando el reloj de arena marcaba el fin de la visita, bajaban obligados por una rampa que les llevaba de regreso al fondo acolchado de ceniza permanente.

Voces de ultratumba

ultratumba

Sin comprender por qué el azar le puso ahí y en ese momento, intentó encontrar razones. Y cuando puso la oreja en el suelo, escuchó voces de ultratumba gritando desde dentro, voces que murieron sintiendo.

Le decían que el amor de amar no estaba extinto, que había sobrevivido a la pandemia del amor oportuno, ese de un solo uso, que únicamente servía para descansar la soledad y nutrir el ego; y solventada la necesidad, turno de reemplazar.

Conociendo aquel secreto, su vida dió un vuelco, y camuflado entre enfermos, esperó el momento… pues según aquellas voces, todo llega.

Alma caminante

alma caminante

Como todos, interpretaba el entorno que le rodeaba, para elegir su camino.

Existían caminos muy populares, con firmas y señales. Caminos que, con el tránsito de cada persona que lo recorrió, obtuvieron una calzada de trazado claro y cómodo para los nuevos.

Pero él, con otros ojos y desde otra perspectiva, veía esos caminos un sinsentido complicado y enrevesado.

Se movía de la forma que a él le resultaba más fácil. Era capaz de cruzar entre acantilados rotos… y pareciendo que pisaba el aire, caminaba sobre la línea que dibujaba el horizonte. No era magia, sino el punto de vista de un alma, que siempre encontraba el camino más corto entre sus pisadas y donde apuntaba su mirada.

Una razón infinita

poderoso alma

Fantasmas, que mientras dormía, se infiltraron en mi universo. Desde dentro y con el tiempo, fueron creciendo. Para conocerme, me espían cuando sueño despierto, y el resto del tiempo aguardan a mis horas bajas para intentar arrebatarme el alma a tirones… pero sólo necesito una razón para enfrentarlos y poder, de largo, más que todos ellos.

El señor del tiempo

senior tiempo

Un bombín protege su calva del sol que calcina las ideas, una cachava de madera noble le sostiene en su lento caminar, y sus gafas, más tráslucidas que transparentes, aún le permiten adivinar los rostros en los que se fija.
Porta su cartera, llena de monedas extrañas: rojas (al cambio; horas, minutos y segundos), plateadas (semanas, meses y trimestres) y doradas (años, lustros y décadas). También está bien dotada de billetes amarillos y morados, que valen siglos y milenios.
Y mientras disfruta del paseo, reparte de su cartera a quien le apetece, siguiendo su criterio.

Falso reflejo

reflejo falso

Se miraba en el espejo, vistiendo la máscara con la que engañaba al mundo. Un día, y otro… y olvidó su verdadero rostro.

Tenía el tacto

tacto

Era sordomudo y ciego; muchos sentían lástima, pero cuando él tocaba, notaba la vida y la sustancia que contenían las apariencias.

La neutralidad, te hace cómplice

adelantalfuego

Tú, de favor fácil y bondad por protocolo, acostumbras a maquillar la conciencia lanzando limosnas de tus sobras, por donde pisan tus mocasines impolutos, sin ni siquiera mirar a los ojos, ni de entender las miradas.
En la necesidad extrema; espectador de piernas cruzadas, miras cómo éste adelanta al fuego, o cómo aquel enfrenta las corrientes de los ríos locos… cómo dan de sí por otros, más que cosas, la vida en actos.

Fuga terrenal

La mente que encuentra su lugar (aquel rincón del universo, que todo lo llena) no desea volver, proclama en voz alta la intención de mudanza perpetua. Por el contrario, la que regresa de forma voluntaria, lo hace con ánimo de venganza; usará sus nuevas dotes, para pintar de negro el mundo al que guarda rencor por la comprensión negada.