Decidir con todo a favor, no es decidir

Hay ocasiones en las que todo se reduce a una elección; asumir el riesgo, o eludirlo. Son esas situaciones en las que, por mucho que analices, observes… por mucho que te iluminen… nunca se dispone de la información suficiente, y entonces, tienes que decidir si abordar la situación en bruto (con aquello que pueda conllevar, obviando la información que siembra las semillas de la duda), o si por otra parte, atenderás dicha información, cuya problemática reside en la incapacidad propia para discernir la información “objetiva”, de las excusas autogeneradas por el órgano cobarde.
Decidir sin pasar por ese proceso de control ilusorio, de las variables que van surgiendo de forma infinita, al mascar los motivos como si fueran un chicle que ya va perdiendo el sabor… decidir sin pasar por ello… posiblemente sea la más honesta de las intenciones.

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