El hilo que sostenía la cordura

Sus ideas peleaban unas con otras, por nacer las primeras. Se trataba de toda una batalla cerebral, donde acababan malheridas. Y apelotonadas, formando un cuello de botella, quedaban atrapadas… ya no fluían. Rara vez, alguna escapaba al exterior por aquel embudo, y cuando ocurría, salía deforme, distorsionada.

Era tan adicto a la anarquía de su pensar, que ésta se había apoderado de él… y aun así, si hubiera sido consciente de su devenir, lo habría considerado digno.

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