El maniquí sensible

Un día, un anciano, solo, cansado y satisfecho de lo vivido, se quedó observando un escaparate, con su mirada enfocada en el rostro de un maniquí. El anciano, le preguntó si quería vivir, segundos después, se hizo el silencio… su corazón dejó de latir.

Al atardecer, lo ojos del maniquí percibieron el colorido del cielo ardiendo con los últimos rayos del sol, y con esa emoción, se encendió la chispa. Emprendió la fuga al mundo exterior.

Pronto comprendió que a veces la vida duele… y tanto le dolió que creyó no estar preparado, que estaba mejor imitando la vida humana en una vitrina… tanto fue el dolor, que buscó un lugar alto para deshacerse del regalo del anciano, y simplemente volver a vestir en vano.

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