Entender o no entender, no importa esa cuestión

Razón, que aplicas al ego; del Yo, al mí, y para lo mío.
Un laberinto que termina donde empieza; un bucle de individualismo.
Qué enfermedad social tan grave, cada uno atrapado consigo.

Y qué más da la capacidad para comprender o creer que se comprende…
si la vida se adapta a sus invitados con laberintos de nivel personalizado,
Qué más da… si aunque rices el rizo, el resultado será el mismo,
y vivir creyendo saber algo, es vivir engañado.

Vidas pomposas o sencillas, vidas “exitosas”, vidas trágicas…
qué más da si la vida rima en asonante o consonante… si es un soneto,
si son versos libres… qué más da si es prosa, o si no es nada.
Si le quitas el adorno, al final del camino, el asunto… es el mismo.

Qué más da… si tu bolígrafo, extensión de tí, fiel escudero y conector de mundos,
se estropea en la batalla… y aunque tenga arreglo, lo abandonas sin miramientos
para reemplazarlo por un mercenario que escupe tinta, y que finge comprenderte…
claro que no, no porta tu sangre en su mina.
¿Quién creará ahora con ríos de tinta, las palabras que al nacer estremecían el papel?

Amadas las cosas y cosificadas las personas, deformados y manipulados los sentimientos e incomprendidas las palabras de peso… no hay que esperar al apocalipsis. El mundo, como cada uno de nosotros, muere cada día un poco.

Deja un comentario