Extintor de nieblas

Estaban desesperados por la invasión de la niebla, parecía permanente e inmutable… apenas les permitía verse entre ellos, incluso en las distancias cortas.
Entonces apareció él, con su gabardina sucia y su mochila rota.
Los lugareños, intrigados, distinguían las manchas de la gabardina desde la distancia, prácticamente era lo único que veían. ¿Quién sería?
Y mientras curiosos se iban acercando al hombre, él, en su pausa, intuía el corrillo.
Abrió la mochila, y como si de un potente aspirador se tratase, recogió dentro la niebla.
Cuando por fin pudieron ver el Sol y fueron a agradecerle, ya no había nadie.

Deja un comentario