Más que un robot

Tocado por la varita del azar, tomó conciencia de sí y capacidad para sentir, y a lo largo del tiempo, cansado del bucle de preguntas inherente a toda existencia consciente, y de la vida por inercia, buscó su botón de apagado.

Nunca lo llegó a encontrar, pero sí encontro los cables que nutrían su motor. Sólo era cortar, y dispuesto a ello, en el último momento, comprendió que antes de rendirse, quedaba apelar a lo épico, surcar los límites como si fuera un deporte, en el que pulir la técnica del estar y del sentir, compitiendo contra uno mismo, para quizás, finalmente, algún día, derrotar a la soledad.

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