Mirada deprimida

No era que no funcionasen sus ojos; su vista, a pesar de su edad, estaba intacta. Menuda maldición para él… vio tanto y tan malo, que a menudo, sus ojos le suplicaban una tregua. Cuando esto ocurría, los cerraba minutos, dependiendo de la carga, incluso horas. Pero a veces le vencía la curiosidad, ¿lo habría visto todo?… como siempre, salía escaldado. Entonces comenzó a taparlos, pero quedaban rendijas por donde sospechaba… y sus ojos ya no pedían socorro, le chillaban del dolor. No aguantaba más, así que fue a por una cuchara, y mucha, mucha gasa.

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