Voces de ultratumba

ultratumba

Sin comprender por qué el azar le puso ahí y en ese momento, intentó encontrar razones. Y cuando puso la oreja en el suelo, escuchó voces de ultratumba gritando desde dentro, voces que murieron sintiendo.

Le decían que el amor de amar no estaba extinto, que había sobrevivido a la pandemia del amor oportuno, ese de un solo uso, que únicamente servía para descansar la soledad y nutrir el ego; y solventada la necesidad, turno de reemplazar.

Conociendo aquel secreto, su vida dió un vuelco, y camuflado entre enfermos, esperó el momento… pues según aquellas voces, todo llega.

Alma caminante

alma caminante

Como todos, interpretaba el entorno que le rodeaba, para elegir su camino.

Existían caminos muy populares, con firmas y señales. Caminos que, con el tránsito de cada persona que lo recorrió, obtuvieron una calzada de trazado claro y cómodo para los nuevos.

Pero él, con otros ojos y desde otra perspectiva, veía esos caminos un sinsentido complicado y enrevesado.

Se movía de la forma que a él le resultaba más fácil. Era capaz de cruzar entre acantilados rotos… y pareciendo que pisaba el aire, caminaba sobre la línea que dibujaba el horizonte. No era magia, sino el punto de vista de un alma, que siempre encontraba el camino más corto entre sus pisadas y donde apuntaba su mirada.

El camino

Desde la lejanía, mirando al horizonte, encontró su lugar finito; su destino.
Emprendió un camino que se antojaba largo, y después de media vida caminando, y ya cerca, se topó con una montaña cuya altura no abarcaba con la mirada.
Con los ojos inundados, pensó en la retirada… pero recordó aquella puesta de sol donde vislumbró el lugar al que pertenecía y entonces comenzó el ascenso, descansando sólo, cuando las piernas le fallaban.
Las nubes escondían la cima… no sospechaba el fin, hasta que de repente un día con la nubosidad del cielo como alfombra, alcanzó el techo, y con medio obstáculo salvado, consciente de la empresa conseguida, se arrodilló satisfecho, recuperando el aliento. De alegría, golpeó el suelo con su puño castigado de haber trepado. El suelo empezó a temblar, y mientras él observaba lo que ocurría, la montaña se venía abajo. Cuando se dió cuenta, su sitio, quedaba al lado.

Autoayuda

Días de insomnio… las consultas a la almohada son complicadas. No obtengo respuesta… menuda pérdida de tiempo.
Por fin la mente en silencio, aunque aún sin sueño… pero relajado, estoy satisfecho.
De repente vibro por dentro, y me miro fuera de mí, y en ese doblez nocturno, tumbado y consciente, atiendo a mi otro yo, que sentado en el borde de la cama, acude a responderme lo que la almohada no puede.

Los susurros de los árboles testigo

Aquella hoja amaba y era amada por la rama a la que estaba unida. Hojas de árboles vecinos, le contaron, entre brisas y risas, que nada era para siempre, que no fuera inocente; sabiondas desengañadas que nunca fueron amadas, y sólo conocían a las de su especie. Pero ella, hoja perenne, se sentía diferente.
Hoja y rama aguantaron rachas de viento fuerte, mientras sus vecinas eran abandonadas a su suerte, por su ramas de amores débiles. Y las nuevas vecinas que surgían en las primaveras, para mantener una unión con fecha de caducidad, escuchaban las historias y leyendas de la hoja y la rama, y un amor que duraba.
Cuando el árbol en el que habitaban murió, permanecieron juntas, como siempre, y demostraron que hay amores eternos, cuando paseas por el bosque y los sonidos portan las palabras de los árboles que fueron testigo.

En el punto de mira

Él, escondido, eligió el arma del cobarde, y yo, sin saberlo, continúo tan normal, ignorando que por un momento, soy el centro de su universo; el universo de un francotirador que se dispone a hacer diana, con sus proyectiles, palabras de plomo, que perforan la carne y estallan el alma.

Todo un espectáculo, para él, que desde la distancia, mira con la empatía estirpada.

Una razón infinita

poderoso alma

Fantasmas, que mientras dormía, se infiltraron en mi universo. Desde dentro y con el tiempo, fueron creciendo. Para conocerme, me espían cuando sueño despierto, y el resto del tiempo aguardan a mis horas bajas para intentar arrebatarme el alma a tirones… pero sólo necesito una razón para enfrentarlos y poder, de largo, más que todos ellos.

Sombras

sombras

Capaz de todo, encontró caminos para adelantar al tiempo, pero las sombras conspiraban contra él, boicoteaban sus movimientos, para volverle lento.

Envidia

sin ojos

Le arrancó los ojos; pensó que si vestía su mirada, luciría igual. Pero al ponérselos, vio que no veía bien, que no le quedaban como a ella. Entendió que la mirada, sin el brillo único de quien nace con ellos, son dos planetas inertes. Cuando quiso colocarse los suyos de nuevo, sólo quedaba la oscuridad infinita.

El señor del tiempo

senior tiempo

Un bombín protege su calva del sol que calcina las ideas, una cachava de madera noble le sostiene en su lento caminar, y sus gafas, más tráslucidas que transparentes, aún le permiten adivinar los rostros en los que se fija.
Porta su cartera, llena de monedas extrañas: rojas (al cambio; horas, minutos y segundos), plateadas (semanas, meses y trimestres) y doradas (años, lustros y décadas). También está bien dotada de billetes amarillos y morados, que valen siglos y milenios.
Y mientras disfruta del paseo, reparte de su cartera a quien le apetece, siguiendo su criterio.