Vida bruta, vida neta, vida puta

Una vida estirada con un corazón sedado;
el trabajo un rizo, y entre tanto… siestas programadas.

Ocio en los vertederos donde se trueca la carroña,
por porciones de alma suscritas en papel higiénico.

Los maniquíes observan, se alimentan de la turba
que compra para hinchar sus vacíos de aire,
mientras, los otros aparentan inertes… pero hoy sienten,
y lo hacén más que quienes miran sus telas,
sin capacidad para ver detrás de trapo y lentejuelas.

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